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¿Hacia dónde marcha América Latina? 

PUBLISHED:
01/01/2015
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En el año 2011 el II Foro Internacional de Santo Domingo anticipó muchas de las cosas que efectivamente sucedieron en la región. Ahora la tercera versión de este encuentro hemisférico promete hacer lo mismo.

III Foro Internacional de Santo Domingo “La hora de las reformas: ¿Qué debe hacer América Latina para convertirse en una región más democrática, próspera, equitativa y segura?” se llevará a cabo los días 28, 29 y 30 de Enero, 2015 en República Dominicana. El foro es co-organizado por IDEA Internacional, FUNGLODE y la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra.

En mayo de 2011, el entonces presidente dominicano Leonel Fernández, acuñó una frase que hasta hoy refleja bien lo que está sucediendo en muchas sociedades latinoamericanas. “Vivimos una revolución de las expectativas ciudadanas”, afirmó en una entrevista. “Si bien el progreso de América Latina es innegable, resulta insuficiente en relación con las expectativas que tienen nuestros ciudadanos, por lo cual el tema hoy es cuál es el modelo económico y social que permita garantizar el bienestar de la población”, había asegurado Fernández pocos días antes en el II Foro Internacional de Santo Domingo, un evento inaugurado en 2009 y que en enero de 2015 tendrá su tercera versión.

Pocas semanas después estalló en Chile un movimiento de estudiantes universitarios que ha remecido los fundamentos del modelo económico de ese país, exigiendo una educación pública y gratuita. Un año después, cientos de miles de brasileños salieron a las calles a protestar por las elevadas inversiones en infraestructura para su mundial de fútbol, mientras que la infraestructura de protección social sigue rezagada. Y en 2014, los mexicanos se volcaron a las calles a exigir el esclarecimiento en la muerte de 43 estudiantes desaparecidos, poniendo sobre el tapete la grave situación de inseguridad que está viviendo ese país hace varios años.

En diciembre de 2014, el respetado economista Alejandro Foxley, ex ministro de Hacienda y Relaciones Exteriores de Chile, afirmó en una columna de opinión publicada en una revista chilena que “el mayor riesgo a futuro (para América Latina) es terminar siendo víctimas del propio éxito, como consecuencia de no enfrentar a tiempo los nuevos problemas, como es el caso del surgimiento de una nueva clase media con altas expectativas y aspiraciones difíciles de satisfacer para cualquier gobierno”.

Para entender el momento actual de la región hay que retroceder tres años. A mediados de 2011 una euforia recorría a América Latina. La región había sobrevivido en buen pie la grave crisis financiera global que se había desatado a partir de 2008. La aplicación de políticas monetarias y fiscales contra-cíclicas, -es decir, ahorro en los años anteriores de bonanza para inyectar gastos en los momentos más duros de la crisis- habían surtido efecto. La prudente gestión macroeconómica de muchos países fue ampliamente celebrada en los círculos más influyentes de la economía mundial. En efecto, la región se había convertido en un caso de “mejores prácticas”.

Pero otro factor importante que explicaba el buen desempeño de la región, en especial de los países sudamericanos, era el ciclo de los commodities. El precio de las materias primas, impulsado por el apetito de una Asia que se estaba industrializando, permitió que las cuentas fiscales y la balanza comercial de la región se hinchara. Entre los efectos positivos estuvo una importante expansión de la clase media, acaso la más acelerada desde los años 30 y 40. Pero también los síntomas de la llamada “enfermedad holandesa”; es decir, que la excesiva dependencia de un ciclo de exportación de recursos naturales llevara a ignorar problemas estructurales, como la baja tasa de inversión, la baja productividad y la sobrevaloración excesiva de las monedas locales.

“Un síntoma claro de que el eje de la economía global se está trasladando de Occidente a Oriente es que en los debates de este Foro prácticamente no se mencionó a Estados Unidos, mientras que la influencia e importancia de China, en especial para América del Sur, fue un tema sustancial”, afirmó Daniel Zovatto, Director Regional para América Latina y el Caribe de IDEA Internacional, al clausurar el II Foro Internacional de Santo Domingo.

Hace tres años, muchos expertos hablaban de que el decenio de 2010 podría ser “la década de América Latina”. Las democracias en la región estaban consolidadas, al menos en sus aspectos más formales. El debate ya no era en torno a democracia o regímenes autoritarios, sino respecto a la calidad de las democracias. La desigualdad seguía siendo, y todavía lo es, el gran talón de Aquiles de la región, pero la pobreza se había reducido de manera notable en casi todo el hemisferio: decenas de millones de personas se incorporaban a una nueva clase media emergente.

Sin embargo, en medio de ese optimismo generalizado hubo muchas voces que llamaban a la moderación. Y esas voces se escucharon con fuerza en el II Foro Internacional de Santo Domingo. De hecho, el propio Daniel Zovatto advirtió en una ponencia acerca de los peligros de “cometer la imprudencia de los aplausos prematuros”. Como afirmó en mayo de 2011: “Existe un clima de optimismo respecto del estado en que hoy se encuentra América Latina, pero este debería ser moderado. Moderado porque, sin perjuicio de los notables avances que se han registrado y las perspectivas positivas que se vislumbran para los próximos años, siguen pendientes varios desafíos. En algunos países hay inflación, sobrecalentamiento y sobrevaloración de divisas”.

Anticiparse al estado actual

El foro realizado en Santo Domingo en 2011 anticipó muchas de las cosas que iban a suceder en la región en los siguientes años. “Podemos observar una propensión del regreso del Estado como actor político, económico y social”, afirmó Zovatto en esa ocasión. “Pero no se trata del Estado de antaño, sino de un Estado nuevo, más estratégico e inteligente, que cuenta con mayor legitimidad política y fiscal, y al que se le exige mayor transparencia, rendición de cuentas y mejor eficacia”.

De hecho, desentrañar el nuevo equilibrio que debiera existir entre el Estado y el mercado fue uno de los puntos más discutidos en esa instancia. “Hay un creciente consenso de que el Estado tiene que asumir un papel más activo, asegurando políticas tributarias y redistributivas que contribuyan a reducir la desigualdad de América Latina y que ayuden a un mayor bienestar general de nuestras sociedades”, afirmó Zovatto en el acto de clausura de ese foro.

Sin embargo, un consenso que se forjó en esa oportunidad era que los avances logrados por América Latina en materia económica, política y social aún eran muy frágiles. “América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo”, aseguró Miguel Székely, un economista mexicano. “Y los avances que se han logrado podrían revertirse con facilidad en un entorno distinto”.

El economista en jefe para América Latina del Banco Mundial, Augusto de la Torre, compartió esta cautela. “La región está saliendo de la crisis, se recupera”, dijo en 2011. “Pero cuando se acerca a su crecimiento potencial, se constata que éste es muy bajo”.

Tres años después sus palabras parecen proféticas. El auge exportador de los commodities parece haber llegado a su fin. El menor ritmo de crecimiento de China ha afectado a las economías regionales. Las monedas locales han sufrido una fuerte depreciación. El fin del llamado “alivio cuantitativo” impulsado por las bajas tasas de interés de las economías desarrolladas, en especial la de Estados Unidos, también ha afectado a la región, volviéndola menos atractiva para las inversiones financieras extranjeras. El panorama de crecimiento para los próximos años se vislumbra bajo para la mayoría de las grandes economías de la región.

En este contexto de un menor crecimiento económico, pero con altas y sostenidas expectativas ciudadanas, ¿cuáles son las reformas necesarias –y urgentes- que la región tiene que enfrentar en los próximos años para convertirse en una región más democrática, próspera, equitativa y segura? Esta será, precisamente, una de las preguntas cruciales que se debatirán en el III Foro Internacional de Santo Domingo, que se efectuará a fines de enero de 2015.

Al igual que en la primera y segunda edición de este encuentro hemisférico (2009 y 2011) se convocará a un nutrido grupo de expertos regionales –entre ex presidentes, legisladores, académicos, investigadores, periodistas y empresarios– para escudriñar y anticipar los temas y las agendas que marcarán e influenciarán las políticas de la región.